Rabindranath Tagore, escritor y filósofo: “La más alta educación es aquella que no se limita a darnos información, sino que hace que nuestra vida esté en armonía con toda la existencia”


Además de escribir numerosas novelas, poesías, ensayos y obras de teatro, el escritor y filósofo indio Rabindranath Tagore también fue un referente en el ámbito de la educación.
En 1901 fundó una escuela en Santiniketan, basada en la libertad intelectual y en una forma de enseñanza diferente a la tradicional. Veinte años más tarde, en 1921, el proyecto se convirtió en la universidad internacional Visva-Bharati.
Tagore instaló la escuela en la finca que había heredado de su padre y, con el paso de los años, fue ampliando el proyecto hasta convertirlo en un importante centro educativo y cultural, en especial luego de ganar el Premio Nobel de Literatura en 1913.
Su relevancia fue tal que Santiniketan fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en septiembre de 2023.
Santiniketan era una escuela residencial y centro artístico inspirado en antiguas tradiciones de la India. Además de aprender los conocimientos básicos, la enseñanza también estaba enfocada en el contacto con la naturaleza, la pintura, la danza, la poesía y la música.
“La más alta educación es aquella que no se limita a darnos información, sino que hace que nuestra vida esté en armonía con toda la existencia”, escribió en 1917 en Personality: Lectures Delivered in America, una colección de ensayos y conferencias del propio Tagore.
Para Tagore, la educación no consistía solamente en incorporar información o aprender conceptos de memoria.
Su propuesta buscaba que los alumnos pudieran comprender el mundo que los rodeaba y desarrollar una relación más cercana con él y con el resto de la sociedad
De ahí su importancia a la sensibilidad, la curiosidad y la empatía como parte del aprendizaje.
Además, ponía el foco en no solo aprender sentado frente a un libro o un pizarrón, sino también en explorar en primera persona.
“Hemos venido a este mundo para aceptarlo, no simplemente para conocerlo. Podemos volvernos poderosos mediante el conocimiento, pero alcanzamos la plenitud mediante la empatía”, escribió en Personality: Lectures Delivered in America.
En ese sentido, el filósofo proponía no quedarse únicamente con la teoría, sino acercarse y experimentar aquello que se estaba estudiando.
Si se trataba de plantas, por ejemplo, no alcanzaba con leer sobre ellas, había que salir al bosque, observarlas, tocarlas y conocerlas de cerca. La experiencia, para Tagore, también formaba parte del conocimiento.
Esa idea se trasladaba directamente a Santiniketan, donde la enseñanza se alejaba de las aulas cerradas y buscaba aprovechar el entorno.
De hecho, la escuela que fundó estaba inspirada en los antiguos ashrams, los centro espirituales dedicados a la meditación, el yoga y el aprendizaje bajo la guía de un maestro o gurú, donde los sabios enseñaban en los bosques.
Muchas de las clases se daban bajo la sombra de los árboles y el paisaje formaba parte de la vida cotidiana de los alumnos.
Pero la propuesta de Tagore no terminaba ahí. La educación también incluía música, pintura, danza y poesía.
El objetivo era que los estudiantes no solo acumularan conocimientos, sino que también desarrollaran su capacidad de observar, crear y relacionarse con los demás y con el entorno.
Fuente: www.clarin.com



